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HISTORIAS DE LA RESISTENCIA PERONISTA

Salta: A 50 años de la revolución cívico-militar de Tartagal



Fecha: 28/11/2010   10:40  |  Cantidad de Lecturas: 2864

El 30 de noviembre de 1960, los argentinos estaban pendientes del Gran Premio Argentino de Carretera “General Mosconi” · Sin embargo, ese día llegó con buenas noticias para unos y malas para otros · Así era el país de entonces, lo recuerda una nota de diario El Tribuno




(Omar Barberis Corresponsal DERF La Rioja) Una rebelión contra el gobierno de Frondizi En la madrugada, había estallado un movimiento revolucionario -sofocado horas después-, contra el gobierno de Frondizi. Su jefe era el general (r) Miguel Angel Iñiguez, peronista y líder del “Movimiento Revolucionario Nacional”. La rebelión se había manifestado en Rosario de Santa Fe y en Tartagal. En Rosario, la sedición comenzó minutos después de la una de la mañana. Un cable decía: “Un grupo armado de más de cuarenta civiles y militares retirados, copa ron la guardia del Regimiento 11 de Infantería “General Las Heras”. Dominaron inicialmente el regimiento pero fueron rechazados al llegar refuerzos de Gendarmería y otras guarniciones. La lucha duró cuatro horas y dejó un saldo de cuatro militares muertos y más de treinta prisioneros. En nuestra provincia, el epicentro fue Tartagal. Las acciones comenzaron a la cinco de la mañana, cuando el teniente coronel (r) Eduardo Escude tomó la Municipalidad y estableció allí el “Comando Revolucionario del Norte”. Luego, convocó al mayor Miguel Angel Bacigaluppi, oficial del Batallón de Monte, para solicitar su adhesión. Horas después, el jefe de la V División de Ejército (Salta), coronel Enrique Sánchez Almeyra, ordenaba la inmediata represión. Y mientras Escude intentaba operar sobre oficiales del ejército y de gendarmería, un grupo de civiles liderado por el ex diputado peronista Tomás Ryan, sucesivamente iba copando el Batallón de Escuela, la comisaría, la estación del ferrocarril, el aeropuerto, y las dos sucursales bancarias de la ciudad. En el apuro, se olvidó la central telefónica, pero el error fue enmendado a media mañana por Tomás Ryan y un policía uniformado. A media mañana, los círculos políticos de Tartagal estaban en estado de ebullición. Ante la aparente pasividad o tolerancia de los oficiales del Batallón de Escuela, el intendente municipal Aníbal Justo Nazar y el presidente del Concejo Deliberante Juan Angel, se apersonaron en el regimiento y pidieron que se reprima a los alzados. Otro tanto hicieron el diputado Enrique Sansone y los ediles Neptalí Sanz, Víctor Torres, Florindo Tula, Néstor Sansone y Héctor Ibañez. Finalmente a las diez y media de la mañana, cuando el ejército recibió la orden de actuar, en la puerta del Batallón detuvieron a Tomás Ryan y a Clemente Avila. Más tarde apresaron al jefe revolucionario, teniente coronel (r) Escude. Y finalmente, cuando fueron por la recuperación de los organismos públicos, los rebeldes se echaron al monte en los jeep incautados a YPF y la policía. A las once, cayó el último bastión rebelde: la comisaría de Tartagal que permanecía a cargo del mayor (r) Schmit. Una hora después, todo había concluido y los organismos recuperados comenzaban a normalizarse. Tras los fugados Por la tarde, comenzó la búsqueda da de los fugitivos. Con aviones afectados al ejército se sobrevoló la zona boscosa pero parecía que el monte se los había tragado. A la noche, el saldo de detenidos era muy pobre. En el Batallón Monte sólo estaban Escude, Ryan y Clemente Avila, pero se rumoreaba que en Pocitos habían sido detenidos varios cuando intentaban pasar a Bolivia. Al final, llegó un comunicado del ejército: “Reina absoluta calma en todas las guarniciones de Santiago del Estero, Catamarca, Tucumán, Jujuy y Salta”. Lo firmaba el general Sánchez Almeyra. Y aunque a nivel nacional se trató de minimizar los hechos, el dos de diciembre a la noche el presidente Frondizi habló por Radio Nacional para referirse a la “sedición de Iñiguez”. Exaltó la lealtad de los militares para con la Constitución y la ley (dos años después lo echaron); condenó al peronismo (dos años antes lo había hecho presidente); y advirtió: “La revolución del 55 es irrevocable...”. Más detenidos Días después, las detenciones y los allanamientos se multiplicaron y el 6 de diciembre había doscientos detenidos en todo el país. En Tartagal, los presos militares eran: teniente coronel (r) Eduardo Escude; Mayor (r) Schmit; sargento (r) Francisco Zavala; sargento 1º (r) Luis Angel Clavell; suboficial principal de Gendarmería, Roberto Peralta; y sargento 1º de Gendarmería, Lorenzo Amarilla. Abel Gómez y Juan Jorge Moreno fueron detenidos cuando en un jeep de YPF recorrían las calles in citando a la rebelión. Los detenidos eran: Tomás Ryan, Clemente y Luis Avila, Julian Muñoz, Pedro Nievas, Enrique Fernández, José Maldonado, Faustino Echelú, Manuel, Enrique y Alejandro González, Luis Russo, Luciano Grosso, Manuel Rodríguez, Abelardo Bogarín, Silverio Kuriel, Gerónimo y Crisanto Castro, Alberto Chavez, Félix Frumboli, Marcial Cortéz, Luis Quinteros, Héctor Chacón, Carlos Santucho, Ernesto Rivero, Pedro Sayas, Fabian Martínez, Saúl Eguez, Oscar Montenegro, Abel y Luis Gómez, Fabian Pacheco, Agustín Severini, Luis Zavala, Alejandro Buiani, Agustín García, Leopoldo Vargas, Alfredo Caballero, Pedro Leaño, Alberto Fuenzalida, Leandro Vespa, Ernesto Lastero, Ernesto Olmos, Oscar Rivero, Juan Morales y Enrique Valdéz. Consejo de Guerra El 8 de diciembre, 32 de los 53 de tenidos en Tartagal -entre ellos Escude y Ryan-, fueron traslada dos a Rosario para ser juzgados por un Consejo de Guerra. Allí, en un juicio brevísimo, Escudé fue condenado a diez años de prisión a cumplir en el Penal Militar de Magdalena. Fue destituido y se ordenó retirar de todas las bibliotecas militares su libro “El Batallón de Monte”, y además, sacar su nombre del mástil del Regimiento de Monte 28 de Tartagal, donde figuraba como uno de sus fundadores. Finalmente, fue excluido del “Círculo Militar”. En 1973, al regreso del general Perón al país, A Escude se le restituyó el grado y fue ascendido a coronel. La suerte corrida por Ryan fue parecida a la de Escude, y aunque no fue condenado, regresó como detenido “Coninte” a Villa Las Rosas. Años después, su militancia fue reconocida con gran afecto por Perón. En 1970, cuando estaba gravemente enfermo, en un mensaje enviado a través del dirigente Pedro González, se supo que “la voluntad de Perón era que mientras viva, el compañero Tomás Ryan no sea reemplazado”. Y así fue. Proclama Revolucionaria En un bolsillo del coronel Julio Barredo, muerto en la toma del regimiento de Rosario, se encontró esta proclama: “El Primer Ejército de la Reconquista y la Liberación Argentina, inicia su marcha en esta histórica ciudad de Rosario de Santa Fe. Convoca su comando a todos los ciudadanos a terminar con el actual indigno desgobierno.¡Viva la Patria!”. Rosario, 29 de noviembre de 1960.

Fuente:  28 de noviembre de 2010 (El Tribuno)










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